La escena es esta: curso del nuevo TPV el jueves por la mañana, cuatro plazas, seis personas en plantilla. Dos se quedan para mantener la tienda abierta. Hasta aquí, nada raro. La cuestión es cómo se elige a esas dos, porque el equipo se fija, y mucho. Si se quedan siempre las mismas, el mensaje que llega no es «confiamos en vosotras»: es «la formación es para los demás».
Y como las ocasiones de formación en tienda escasean, cada exclusión pesa el doble.
La cobertura no es un premio de consolación
Empecemos por el reverso: quien se queda ese día sostiene el servicio solo o casi, normalmente con más clientes por cabeza y sin el compañero veterano al que preguntar. Es un turno más difícil de lo normal, no menos importante. Tratarlo así lo cambia todo: decirlo en voz alta, no cargar ese mismo día con entregas y reposición, y quizá dar algo a cambio (elegir turno la semana siguiente, por ejemplo).
El peor criterio posible es «se queda quien menos protesta». Funciona una vez. Después la persona flexible deja de ser flexible o, peor, deja de decirte lo que piensa.
Rotar, y dejar constancia
La regla sana es simple: en cada ronda de formación se quedan personas distintas. Para aplicarla de verdad hay que saber quién se quedó la última vez, y ahí la memoria falla. Una nota en el cuadrante (aunque sea «cubrió tienda durante el curso X») convierte la rotación de buena intención en hecho comprobable.
Si un curso es realmente imprescindible para todos, casi siempre hay alternativa: dos sesiones más cortas en días distintos, o una franja con la tienda cerrada si el volumen lo permite. Cuesta algo más de organización y evita el efecto primera y segunda división.
Quien se queda debe saber a quién llamar
Un detalle que se olvida a menudo: el día del curso, quien se queda en tienda pierde también sus referencias habituales. La encargada está en clase con el móvil en silencio, y el compañero veterano también. Antes de salir, conviene dejar tres cosas por escrito: a quién avisar para urgencias de verdad, qué puede esperar hasta las 14:00, y dónde están las dos o tres cosas que siempre hacen falta en el peor momento (llaves del almacén, hojas de devolución, teléfono del soporte del datáfono).
Y quien va a clase, que esté en clase
Último punto, el especular: una formación interrumpida cada diez minutos por llamadas de la tienda no es formación. Si la cobertura está bien organizada, quien está en clase puede permitirse no contestar. Si a quien se quedó lo dejaron a su suerte, las llamadas llegarán, y habréis pagado un curso que media sala siguió a medias.
Ayuda tener un cuadrante donde las ausencias por formación se ven como cualquier otro compromiso, con las coberturas decididas antes y visibles para todos: es justo el tipo de jornada para la que nació Sked Solve, y en la web puedes ver cómo la resuelve.
