Al preparar un periodo de pico (las rebajas, la Navidad, la promo gorda) el razonamiento estándar se queda en el primer nivel: más clientes, luego más gente de turno. Correcto, pero es un tercio del problema. Quien haya vivido unas rebajas de enero desde detrás del mostrador sabe que el pico no trae solo volumen: trae un trabajo cualitativamente distinto, y el plan que solo mira la afluencia descubre el resto a su costa.

El pico lo multiplica todo, no solo los tickets

Hagamos inventario de lo que de verdad aumenta en promoción. Las preguntas: cada promo cría clientes que preguntan qué entra, qué no, y por qué el cartel dice una cosa y la caja otra. Las devoluciones: semanas después del pico, la ola vuelve en forma de cambios y reembolsos. Los montajes: carteles que poner y quitar, precios que cambiar, mercancía que mover, todo trabajo que alguien hace fuera del horario de venta o robándoselo a la sala. Los errores: con la prisa y la cola, cada operación tiene una tasa de fallo más alta justo cuando el volumen hace cada fallo más caro.

Ninguna de esas líneas aparece en el dato «afluencia prevista». Todas caen sobre los hombros del equipo.

La víspera vale tanto como el día

El error de planificación más común no afecta al día del pico, sino a su víspera. El cambio de precios, el montaje, la reposición fuerte: si ese trabajo no tiene horas propias, se hace la noche anterior con gente ya cansada, o esa misma mañana entre los primeros clientes. Las horas de preparación son horas de verdad y van al plan como tales: una tarde de montaje con la tienda tranquila vale más que tres personas extra lanzadas a la refriega al día siguiente.

Mismo discurso, simétrico, para el día después del final: desmontar, cambiar precios otra vez y absorber la ola de devoluciones. El pico termina en el calendario comercial, no en el operativo.

La gente extra va donde el flujo se estrangula

«Ponemos más gente» es correcto; la cuestión es dónde. El pico no satura la tienda de forma uniforme: satura los cuellos de botella, que suelen ser dos (la caja y los probadores, o la caja y el mostrador). Una persona extra en el punto justo vale más que dos repartidas por la sala. Y hay un papel que en los días grandes siempre compensa: el comodín, la persona sin puesto fijo que absorbe los imprevistos (la cola repentina, la pausa por cubrir, la devolución conflictiva) sin que cada vez se abra un agujero en otra parte.

El pico se cierra con diez minutos de acta

Última costumbre, la que más rinde al año siguiente: terminado el pico, diez minutos con el equipo y tres preguntas. ¿Qué nos sorprendió? ¿Dónde perdimos tiempo o ventas? ¿Qué haríamos distinto? Las respuestas, escritas y fechadas, son el plan del próximo pico ya medio hecho. La memoria sola no las guarda: en diciembre, del enero pasado solo recordaréis que «fue duro».


Coberturas reforzadas, horas de montaje y papeles de comodín se preparan con semanas de antelación en el calendario: con Sked Solve los planes de los periodos fuertes se construyen y se reutilizan, como se ve en la web.