Un establecimiento de temporada no tiene un cuadrante: tiene cuatro, y la mayoría de los problemas vienen de tratarlos como uno solo que se estira y se encoge.

Los cuatro regímenes son apertura, rampa, pico y cierre. Tienen restricciones distintas, no solo números distintos.

Cuatro regímenes, no un plan elástico

La apertura. Pocas habitaciones ocupadas y mucho trabajo que no tiene que ver con el huésped: montajes, revisiones, formación de los nuevos. Es el único momento del año en que el tiempo para formar existe de verdad, y casi todo el mundo lo desaprovecha porque el hotel parece vacío.

La rampa. Ocupación subiendo mientras media plantilla va por su segundo turno en la vida. Es el régimen más frágil y el que peor se dimensiona, porque se mira la ocupación y no la competencia disponible.

El pico. Aquí la restricción deja de ser cuánta gente hay y pasan a serlo las horas: cómputo, descansos y límites semanales aprietan todos a la vez. Es el punto en que el plan hecho a mano deja de aguantar.

El cierre. Ocupación bajando y personal que se va por tandas, a menudo antes de lo prometido. Las últimas semanas son las que de verdad se quedan descubiertas, porque nadie las planifica con el cuidado que puso en las primeras.

Qué cambia y qué no

La distinción que hace manejable el paso es esta: cambia la cobertura, no cambian las reglas.

La cobertura por franja es la parte estacional: cuánta gente en recepción, cuánta en pisos, cuánta en el restaurante en cada franja. Reescribirla cuatro veces al año es normal y esperable.

Las reglas no. Descansos, horas de contrato, límites del trabajo nocturno, competencias que exige cada turno: son las mismas en julio y en noviembre. Quien las suspende en temporada alta «porque es temporada alta» no está ganando cobertura, está acumulando una deuda que se paga en septiembre en horas extra y bajas voluntarias.

El error de la rampa

El momento en que más se falla es la subida, y el fallo casi siempre es el mismo: sube el número de personas y nadie mira quiénes son.

Treinta personas de las que doce están en su primera temporada no son treinta personas. Son veinticuatro, más doce que necesitan a alguien al lado. Si el plan no lo dice de forma explícita, el acompañamiento se lo come quien ya está, además de su propio trabajo, y esa es la vía rápida para perder a la gente con experiencia a mitad de temporada.

Merece la pena mantener un mapa de quién cubre qué, actualizado cada semana durante la rampa. El razonamiento general está en ramp-up tras una nueva apertura.

La cuenta de horas atraviesa la temporada

Lo último, y lo más subestimado. En temporada alta el saldo de horas crece rápido y con el mismo signo para todos. Si no se mira hasta que la temporada acaba, te encuentras con un montón de horas que devolver justo cuando el establecimiento cierra y ya no hay forma de darlas como descanso.

La regla práctica es sencilla: el saldo se mira cada semana incluso en pleno pico, y la recuperación se programa antes de que la temporada termine. Cómo mantener sana esa cuenta está en bolsa de horas.


En Sked Solve la cobertura por franja cambia de temporada en temporada mientras las reglas se quedan, así que pasar de baja a alta no obliga a rehacer el plan. Puedes ver cómo funciona en Sked Solve.