La cocina tiene un problema que la sala no tiene: las personas no son intercambiables. En sala, con algo de formación, cualquiera cubre un rango. En cocina quien está en salsas no se pasa a la parrilla porque esa noche falte alguien, y un plan que lo da por hecho produce servicios que se caen.

De ahí sale casi todo lo demás.

El turno de cocina son dos turnos

El primer error es tratar el día como un bloque. En cocina hay dos trabajos distintos con exigencias opuestas.

La mise en place es trabajo planificable, tranquilo, que se puede mover una hora sin consecuencias. No necesita la brigada completa, necesita tiempo y espacio.

El servicio es lo contrario: no se mueve, tiene un principio y un final que marcan los clientes, y necesita todas las partidas presentes a la vez.

Poner a la misma gente en las mismas horas para ambos es lo que genera la factura de horas extra: quien entra para la mise en place llega al final del servicio con diez horas encima. Es la misma distinción que hay entre jornada partida y continuada, y el razonamiento está en turnos partidos o en bloque.

Las partidas son puestos, no nombres

La regla práctica que más resuelve: en el plan no escribas nombres, escribe partidas. Cada turno de servicio necesita una parrilla, un segundo en salsas, una pastelería si hacéis postres en casa, un office.

Expresado así, dos cosas se ven de inmediato:

  • los huecos reales. No «somos cuatro», sino «el jueves por la noche no hay nadie que pueda estar en la parrilla». La segunda frase se puede resolver con tiempo, la primera no;
  • las personas que cubren varias partidas. Son tu margen de verdad, y hay que protegerlas en vez de gastarlas. Si el plan solo funciona porque una persona sabe hacerlo todo, ese plan tiene una semana de autonomía.

La mise en place de mañana se paga hoy

Una restricción que casi nunca aparece en el cuadrante: el servicio del domingo se prepara el sábado. Si el sábado la mise en place se salta porque había demasiado trabajo, el domingo no falta una persona, falta el trabajo de esa persona, y ya es tarde.

Merece la pena meter la mise en place como un bloque explícito con su horario, igual que se hace con las pausas. Lo que no tiene hora en el plan no se hace: vale para las pausas y vale para la preparación.

La cuenta de horas, que en cocina es el problema de verdad

La hostelería es el sector donde el cómputo de horas se descontrola más rápido, por un motivo estructural: la cocina termina cuando termina el trabajo, no cuando termina el turno.

Tres costumbres que mantienen la cuenta sana:

  • registrar la salida real, no la prevista. Si cada noche se sale veinte minutos más tarde y nadie lo apunta, a fin de mes tienes dos jornadas invisibles;
  • mirar el acumulado móvil de cuatro semanas, no la semana suelta. Una semana cargada no es un problema, cuatro seguidas sí;
  • programar la recuperación cuando se autoriza el exceso, no después. El razonamiento completo está en horas extra.

Qué cambia con la rotación

En cocina la rotación es alta, y cada salida se lleva una partida cubierta. Quien mantiene un mapa actualizado de quién sabe hacer qué se entera cuando todavía puede formar a alguien; quien no lo tiene se entera la tarde en que llega la carta de baja.


En Sked Solve cada turno puede requerir un puesto concreto, así que el plan no propone a quien no cubre esa partida y los huecos se ven antes del servicio. Puedes ver cómo funciona en Sked Solve.