«¿Cuántas horas puede hacer como máximo en una semana?» parece una pregunta sencilla y tiene varias respuestas correctas, porque los números que circulan responden a cosas distintas. Por eso en una misma tienda conviven opiniones opuestas y todas suenan seguras.
Puestos en fila, los números dejan de mezclarse.
Cuarenta horas, pero de promedio
La referencia es el artículo 34.1 del Estatuto de los Trabajadores: la duración máxima de la jornada ordinaria es de cuarenta horas semanales de promedio en cómputo anual. Dos palabras cambian todo.
Promedio significa que la comparación no se hace semana a semana. Cómputo anual significa que el periodo de referencia es el año, no el mes ni el trimestre. Una semana de 45 horas no es por sí sola una infracción si el año contiene semanas más cortas que devuelven la media a 40.
A eso se añade un tope diario: no pueden hacerse más de nueve horas ordinarias al día, salvo que el convenio o un acuerdo con la representación de los trabajadores establezca otra distribución, respetando siempre el descanso entre jornadas.
Y conviene decirlo porque genera confusión desde hace dos años: la jornada de 37,5 horas se debatió en 2025, el Congreso vetó su tramitación en septiembre de ese año y no está en vigor. A día de hoy siguen siendo cuarenta.
La distribución irregular
El Estatuto permite distribuir de forma irregular a lo largo del año un porcentaje de la jornada (el diez por ciento si el convenio no dice otra cosa). Es la herramienta que hace posibles las temporadas fuertes sin romper el cómputo.
Lo que la distribución irregular no permite es tocar los descansos: ni el diario ni el semanal se reducen porque la semana venga cargada.
Cómo se calcula bien el promedio
El método es menos exótico de lo que parece: se toma el periodo de referencia, se suman todas las horas realmente trabajadas y se divide entre el número de semanas.
Dos cautelas donde falla casi todo el mundo:
- las vacaciones y las bajas no cuentan como horas trabajadas, pero tampoco están para rebajar el promedio por la puerta de atrás;
- la suma se hace sobre horas reales, no planificadas. Si queréis un método paso a paso lo escribimos en cómo calcular las horas trabajadas, y hay una calculadora de horas trabajadas para la semana suelta.
Hay que añadir que el límite nunca va solo: convive con el descanso de 12 horas entre jornadas y con el descanso semanal. En la práctica son esos dos, mucho más que el promedio, los que hacen imposibles ciertas semanas que sobre el papel cabrían.
Fuera de España los números cambian
El techo medio de 48 horas viene de la directiva europea y es común, pero el resto no. Italia fija la jornada normal en cuarenta horas y calcula el promedio de 48 sobre cuatro meses. En el Reino Unido el promedio se mide sobre diecisiete semanas y existe una renuncia individual por escrito que aquí no existe.
Este artículo es una orientación práctica, no asesoramiento legal: el convenio aplicable es siempre el primer texto que hay que leer.
Qué hacer con esto al montar la semana
El promedio tiene una consecuencia poco intuitiva: las semanas cargadas se pagan con semanas ligeras planificadas, no esperadas. Si el cuadrante acumula excesos y aplaza la recuperación a «cuando baje el trabajo», el cómputo empeora en silencio durante meses y luego aparece de golpe.
Tres costumbres que mantienen la cuenta sana:
- mirar el acumulado de las últimas semanas, no solo la semana en curso;
- programar la recuperación en el mismo momento en que se autoriza el exceso;
- mantener separados los dos números, horas de contrato y horas reales, en vez de mezclarlos en una sola casilla.
En Sked Solve el techo semanal y las horas de cada contrato son restricciones de la generación, no una revisión posterior: las semanas que rompen el cómputo no se proponen. Puedes ver cómo funciona en Sked Solve.
